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Recaída de Pascua

conejoEste fin de semana largo estaba obligada a trabajar, y como tenía cero opciones de inventar paseos a la playa decidí que debía buscar entretención para las noches, mínimo!, como premio al esfuerzo por un largo día de trabajo, no?. Así que pensé : qué mejor opción que una buena recaída con el ex.
Jueves por la noche, en busca de un merecido relajo a mi día laboral fui a comer con el ex comida peruana al Barandiaran. Entré y lo vi en medio de la terraza haciéndome señas, me saluda con un gran abrazo, de esos que dejan sin aire pero que no quieres que terminen. Eso es lo bueno de los ex cuando terminas en buena ley, cuando vuelves a caer en sus brazos es como llegar a casa. Mientras me abrazaba me dice cuanto extrañaba mi olor. Ok!, suficiente, no he tomado ni un sour para empezar con la miel. Decido que necesito aire y me suelto de sus brazos. 
El resto de la cena estuvo perfecta, sin preguntas complicadas , grandes sours y excelente comida. Mientras caminábamos a su auto me tomó de la cintura y me dio uno de esos besos que hacen perder la cabeza, o habrán sido los sours? Llegamos al auto y seguimos comiéndonos a besos, cuando descubrimos que los vidrios ya estaban algo empañados decido que no estoy para juegos adolescentes y que mi casa está cerca. Cinco minutos después ya estábamos subiendo las escaleras, se han dado cuenta lo entretenidas que son las escaleras a oscuras?, bueno, hasta que el perrito de mis vecinas empezó a ladrar, descubiertos en nuestra aventura entramos a mi departamento y arrasamos con la alfombra y en la alfombra. Al amanecer descubrí que nunca habíamos llegado a la cama, y por erótico que eso suene, de práctico no tiene mucho. Una vez pasada la euforia y calmada la pasión la alfombra pica y la desnudez resfría. Miro la hora y me doy cuenta que ya son cerca de las 7, lo despierto para avisarle que me voy a duchar para acostarme, una invitación tácita a una ducha sexy o una indirecta educada para decirle que se vaya. Cuando salgo de la ducha (sola) lo encuentro entre mis sábanas durmiendo. Para no ser tan bruja, me acuesto al otro lado y me duermo.
Despierto con el sol clavándome la cara, me doy vuelta y me acuerdo de “la noche” que pasé. Como de costumbre me levanto, bajo a comprar el diario y a caminar con Puck, cuando regreso lo encuentro hurgueteando en mi cocina. “Compraste pan?”, me dice. “Hola, que tal…” le respondo, y “no, porqué?”. “Es que no tienes y tengo hambre”, me responde él. “No sabía que iba a tener visitas”.
Me siento en el living con un vaso de jugo soja de manzana y aparece él otra vez reclamando, que porqué tomaba esa “cuestión”. Porque me gusta?, le contesto. Esa manía que tiene de creerse dueño del lugar ya la había olvidado. Miro la hora y me pongo a trabajar, mientras él discute con Puck en la cocina de porqué ella tiene tres comidas diferentes y él no encuentra nada para comer (“porque ella vive aquí y tú no”, pienso mientras leo). Llega al living reclamando de nuevo, ahora por mi cafetera, que porqué tengo una eléctrica, que esas son para la oficina. “Porque vivo sola y la italiana (cafetera) en la cocina se me olvida y se me quema”, le digo. Se mete al baño y sigue reclamando porque no tengo espejo en el baño, a esas alturas yo ya lo quería matar, así que el tono en que le respondí no fue el mejor: “de quién es el departamento?”. Fin del tema.
Cuando vuelve a aparecer, duchado y vestido, me avisa que se va porque tiene que ir a almorzar con la mamá. (Perfecto!), “no te preocupes yo tengo que trabajar”, lo dejo en la puerta, lo despido con un beso que ya no sabe tan embriagante como la noche anterior.
Para mi sorpresa el sábado vuelve a llamar, estaba tan metida en el trabajo que se me había olvidado por completo que era fin de semana largo y sábado. Me llamaba para invitarme a salir de nuevo, a un bar que abrieron frente a TVN. Acepto, necesitaba aire, sino iba a terminar con los ojos y la cola cuadrados de tantas horas frente al computador.
Esa noche vuelvo a caer, es que me atonta lo bien que la pasamos juntos y la química es innegable, pero esta vez aprendo la lección: el after es en su casa y no en la mía. Cerca de las 7 se despierta mientras me visto, me pregunta que para dónde voy, “ a mi casa”, le respondo. “¿Porqué?, alguna mala cara?”, me dice. “No, lo que pasa es que con el tiempo descubrí que me gusta despertar en mi cama”…, se defiende diciendo que él dijo que fuéramos a la mía, “sí, pero es que me gustas más cuando no intentas cambiar mi vida”. Medio ofendido, empieza a reclamar otra vez por las cosas que según él están mal en mi casa, lo hago callar con un beso y me voy.
Suficiente Pascua de “Resurrección” para esta relación.


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